‘El patio de mi casa’ y el claro del templo

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¿Cómo mantener el amor y la presencia de las personas que amamos? ¿Cómo evitar la pérdida? ¿Cómo evitar el dolor que se presagia?

El experimentado Carlos Hagerman integra en El patio de mi casa la memoria visual de sus abuelos, la de su padres y la propia: guardar a sus padres para guardar a sus abuelos, para guardarse y poder hacer saltar el tiempo décadas después, en la búsqueda de los futuros Hagerman.

“¿Cómo se prepara uno para la muerte de sus padres?” La voz en off del hijo de Óscar y Doris abre el documental con una de las preguntas de mayor tradición y profundidad en la angustia humana: ¿Cómo prepararse para la muerte? Su trabajo será un intento amoroso por retratar a sus padres.

La virtud del documental estriba en que la cámara envejece con ellos, asiste con ellos al desvanecimiento del tiempo, del ritmo que se expande, de la sabiduría que sólo puede ser adquirida con la vejez y de la resistencia a su huella implacable.

Óscar intercala sus días dando clases en la facultad de arquitectura de la UNAM y diseñando casas en el sur maya. Doris, su esposa de buena cuna, difunde su proyecto Tanesque en Chiapas. Ambos docentes, asumen que compartir(se) y entregarse es una tarea cotidiana y colectiva.

“Hay edificios que cantan, otros que hablan y otros que no dicen nada”, Óscar Hagerman mimetiza sus obras con el paisaje: la naturaleza es fundamental, el equilibrio que despliega debe ser respetado. Las casas deben obedecer a las necesidades de su entorno sin violentar el espacio, sin violentar la armonía. Casa-cuerpo-templo: “me gusta que las casa se parezcan a las gentes”. Protección primera, techo infalible, lugar sagrado: llegar a casa como una separación del mundo, como una pausa en el tiempo: casa-nido-piel-refugio-abrazo. Llegar con alguien como quien llega a casa. Hagerman no sólo registra lo cotidiano de sus padres (que es quien somos, lo fundamental), sino la sensación que uno es bienvenido, que estamos invitados a la mesa, que compartimos el desayuno con ellos.

Doris y Óscar se sienten tan cómodos, que hablan a la cámara, se olvidan que es un registro con una estructura sólida, que son parte de una narración que intercala imágenes en Super-8 de la historia de su familia, que la fotografía intenta ser natural, con tomas de día y encuentros por momentos estéticamente equilibrados. Doris y Óscar se olvidan que su hijo está detrás de la cámara porque los tres, o los diez, o los cuatro que están en cuadro, se sienten como en casa.

“A veces no hay que tocar las cosas, hay que dejar que ellas solitas crezcan”, le explica el abuelo a su nieto mientras recorren el bosque. A veces, uno debe construir por los bordes, dejando el claro, el patio y el árbol: mimetizarse con el equilibrio. Envejecer como los árboles, caminar de a poco, cantar la memoria joven y de amor: ser casa. ¿Cómo prepararse para la partida de quienes amamos? Siendo casa.

Por Icnitl Y García (@Mariodelacerna)



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